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lunes, 22 de octubre de 2012

OPINIÓN DE CIENTÍFICO 2








Ceferino MaestuDoctor en medicina. Especialista en Bioelectromagnetismo.  Profesor contratado por la Escuela Superior de Telecomunicaciones de la Universidad Politécnica de Madrid. Grupo de bioingeniería y telemedicina (GBT). 

La extensión del uso de los nuevos sistemas de comunicación, que utilizan como vehículo de transmisión el espacio radioeléctrico, ha puesto de actualidad sus posibles efectos sobre la salud. El uso masivo de la telefonía inalámbrica, se ha producido cuando todavía en la comunidad científica no existía un consenso sobre los efectos de estos sistemas sobre los componentes biológicos en humanos y en animales, desde el nivel celular hasta los comportamientos sociales. La controversia sobre los posibles efectos de los campos electromagnéticos sobre la salud,  se viene manteniendo desde finales de los años 60 del siglo pasado y ha dado lugar a que los organismos oficiales hayan establecido normativas de seguridad. Esta situación se ha agudizado en el caso de la telefonía móvil, aunque  las normativas de seguridad se han establecido de forma apresurada. Lo cual ha permitido el desarrollo de este sector de la economía, que mueve un importante flujo de recursos, aunque no ha conseguido evitar la preocupación y desconfianza en la población sobre sus posibles efectos, y no se ha podido establecer un consenso que permita definir los posibles grados de riesgo para la salud.

Este fenómeno complejo ha dado lugar a varios miles de estudios cuyos resultados son de gran  complejidad y de carácter multivariado en las dimensiones de espacio y tiempo, por lo que sus resultados en multitud de ocasiones no pueden ser comparados. Aunque en muchos casos, se fuerzan estas comparaciones para soportar determinados argumentos lejos del rigor científico. 

Existen numerosos estudios que comprueban alteraciones en los registros electroencefalográficos, en presencia de emisores externos, aunque todavía no sabemos el efecto real que tiene sobre nuestro comportamiento, ni la evolución de determinadas patologías. 

Todas las células vivas mantienen una diferencia de potencial eléctrico que las hace sensibles a corrientes inducidas desde el exterior. Nuestro cuerpo actúa como una antena receptora de las ondas electromagnéticas.  Nuestro sistema nervioso (central y periférico) se encuentra conectado funcionalmente con la mayoría de las actividades vitales, no sólo por su actividad electromagnética típica, sino a través de un complicado sistema hormonal. Es, por lo tanto, una estructura muy sensible y fácilmente alterable por las emisiones electromagnéticas que inciden desde el exterior.  

Hasta ahora el único mecanismo de acción reconocido ha sido el efecto térmico, esto es, la capacidad de las microondas de elevar la temperatura de los tejidos, dependiendo de su capacidad de absorción de energía. Este efecto es el soporte de la actual normativa de protección. Pero existen multitud de efectos no térmicos, que no son considerados en la normativa de protección, que pueden modificar los complejos mecanismos biológicos responsables de los estados de salud y enfermedad. La dinámica iónica, los cambios en la rotación de los spines en presencia de un campo, los efectos resonantes, la apertura de canales celulares, las microcorrientes inducidas etc., son algunos de los posibles mecanismos de interacción aun no comprobados. La mera existencia de efectos no térmicos no implica necesariamente consecuencias adversas para la salud,  pues los campos electromagnéticos se pueden utilizar también con fines diagnósticos (imagen por resonancia magnética funcional, magnetoencefalografía, etc.) y terapéuticos (estimulación magnética transcraneal, etc.) 

Tendrán que pasar muchos años antes de que ciertos informes, que hablan del “síndrome de microondas”, descrito por R. Santini en 1960, o el informe “REFLEX” de la Unión Europea en el año 2004, o los estudios del profesor Blackman, sobre las alteraciones de las señales celulares en presencia de radiaciones de esta frecuencia, formen parte del cuerpo de conocimientos científicos. Mientras tanto, seguimos recibiendo de forma indiscriminada y no electiva, miles de inmisiones diarias a intensidades por encima de las naturales, superiores a las que están adaptados nuestros sistemas biológicos, y de las cuales desconocemos sus consecuencias. En mi opinión, son alarmistas los que las asocian a determinadas patologías, aunque nadie podrá afirmar, con conocimiento de causa, que estas son inocuas y no producen ningún efecto dañino para nuestro organismo.

Es necesario que la comunidad científica internacional, se rija por criterios de rigor científico y no por intereses comerciales, que “bastardean” la información. Es necesario que desde los estados se lleven a cabo iniciativas que permitan conocer la realidad de este problema. Mientras tanto, deben revisarse las normativas que permiten exponer a los seres vivos a intensidades de radiación muy superiores a los efectos encontrados en multitud de estudios. Creo que es un buen momento para revisar estos límites de emisión que fueron establecidos hace ya más de 40 años, sin conocer los estudios desarrollados con posterioridad al año 1977. Es posible llegar a acuerdos que lleven a reducir estos límites a los niveles que existen en algunos países ( Italia, Rusia etc.) Es posible utilizar la tecnología de comunicaciones inalámbricas, con un menor efecto nocivo para la salud. Al menos, hasta que sepamos más sobre ello, debemos adoptar el principio de precaución, donde la tasa de exposición debe situarse en el nivel menor posible.

Fuente:  http://www.agendaviva.com

La opinión de este científico fue publicada en la página http://www.agendaviva.com en el año 2008, como podrán leer en un párrafo: "Es necesario que la comunidad científica internacional, se rija por criterios de rigor científico y no por intereses comerciales, que “bastardean” la información. Es necesario que desde los estados se lleven a cabo iniciativas que permitan conocer la realidad de este problema. Mientras tanto, deben revisarse las normativas que permiten exponer a los seres vivos a intensidades de radiación muy superiores a los efectos encontrados en multitud de estudios", queda claro no todos los científicos hacen su trabajo como debieran. 

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