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jueves, 6 de junio de 2013

SANGRE EN EL MÓVIL (Blood in the Mobile), DOCUMENTAL SUBTITULADO

El danés Frank Poulsen, director del documental Blood in the Mobile (Sangre en el móvil), es tal vez el primer y único periodista blanco en andar y desandar el camino hasta el interior de una mina de coltán en Congo. Poulsen entró al mayor yacimiento del territorio, controlado por grupos armados de soldados desnutridos y responsables de grandes atrocidades. En el film se los ve moverse como títeres adentro de uniformes enormes mientras le apuntan con sus fusiles como bárbara advertencia. En esas minas, cuenta, hay niños que cavan durante días para extraer el mineral que acabará en nuestros teléfonos. "Es muy clara la conexión que hay entre la forma de vida que tenemos y la miseria de esas personas", dice.




INSIGNIFICANTE, SOLAMENTE DE APARIENCIA

Coltán es la abreviatura que se le dio a la columbita-tantalita, una valiosa aleación de minerales que en alta concentración tienen los elementos tantalio y niobio. Entre sus propiedades se encuentra la superconductividad, la capacidad de soportar temperaturas muy elevadas sin alterarse, la alta resistencia a la corrosión y su ductilidad para transformarse en alambre, láminas o tubos. Se lo usa casi exclusivamente para fabricar condensadores electrolíticos de tantalio, componentes capaces de almacenar y liberar lentamente una determinada carga eléctrica. Esta característica, fundamental en los equipos electrónicos de pequeño tamaño, lo hizo pasar de simple curiosidad mineralógica a recurso estratégico en la furiosa carrera tecnológica que se corre hoy.
 
Foto: Getty Images
Roca negra de apariencia insignificante, el coltán se encuentra en pequeñas cantidades en minas de Australia, Canadá, Brasil, Tailandia, Nigeria, Etiopía e incluso en la Argentina. Pero el 80% de sus reservas está en la República Democrática del Congo (RDC). Aunque adentro de un celular conviven metales escasos en la corteza terrestre -como el tungsteno que ayuda a que los teléfonos vibren o el oro que recubre los cables- ninguno tiene el triste récord del coltán: la extracción de este recurso no renovable mantiene una guerra de bandos en el país africano desde 1998; es responsable de un genocidio que se cobró 5 millones de vidas -la cifra más alta en la historia después de la Segunda Guerra Mundial-; devastó el hábitat del considerado segundo pulmón del planeta, y mantiene acorralados a los gorilas de montaña al borde de la extinción. Esta guerra sigue como sombra al hombre moderno hiperactualizado, le susurra al oído, porque su moneda de cambio son los chiches tecnológicos que compra, acumula y renueva continuamente.
Según el trabajo de un grupo de expertos de Naciones Unidas y resoluciones de su Consejo de Seguridad, la explotación y el tráfico ilegal de coltán en Congo por parte de sus vecinos Ruanda y Uganda, y su exportación a países desarrollados líderes en el mercado de las altas tecnologías, ayudó a financiar y abastecer de armas a varios bandos de la guerra, incluyendo las propias fuerzas militares congoleñas desmotivadas y con salarios ínfimos. El informe presentado encontró evidencias de que el Ejército Patriótico Ruandés tiene montada una estructura que supervisa la actividad mineral, envía el material a Ruanda para procesarlo y facilita los contactos entre las empresas locales implicadas y los clientes occidentales y asiáticos, entre los que figurarían empresas de Estados Unidos, Alemania, Holanda, Bélgica o China. Además arrasó el ecosistema, rebajó la calidad de vida de la gente a la miseria -el 15 de marzo último se anunció que la RDC ocupa el último lugar de la lista de países en desarrollo humano-, transformó a niños en soldados, violó a decenas de miles de mujeres entre bebes, niñas, jóvenes y ancianas, y puso a los gorilas de montaña -especie críticamente amenazada según la lista roja anual de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza- al borde de la extinción, ya que los yacimientos coinciden con su hábitat. Con contingentes de hasta 15 mil mineros ilegales internándose en los parques nacionales y eliminando flora para llegar al coltán, los primates se vieron obligados a cambiar sus solitarios hogares por una encerrona de poblados con hombres que los matan para comer su carne o exportarla, o los exponen a trampas que los mutilan y a enfermedades que no pueden resistir. En 1961 el pensador martiniqués Frantz Fanon ya lo resumía en su libro Los condenados de la tierra: "Si África fuera un revólver, Congo sería el gatillo".
El danés Frank Poulsen, director del documental Blood in the Mobile (Sangre en el móvil), es tal vez el primer y único periodista blanco en andar y desandar el camino hasta el interior de una mina de coltán en Congo. Poulsen entró al mayor yacimiento del territorio, controlado por grupos armados de soldados desnutridos y responsables de grandes atrocidades. En el film se los ve moverse como títeres adentro de uniformes enormes mientras le apuntan con sus fusiles como bárbara advertencia. En esas minas, cuenta, hay niños que cavan durante días para extraer el mineral que acabará en nuestros teléfonos. "Es muy clara la conexión que hay entre la forma de vida que tenemos y la miseria de esas personas", dice
Para leer el artículo completo ir a este enlace: http://www.lanacion.com.ar/1572559-una-llamada-desde-africa

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